Humboldt: Conectividad, Geopolítica y el Desafío Estratégico para la Próxima Administración
Abril 2026

Dr. Juan Eduardo Mendoza P.
Docente de la Universidad de Concepción, Chile,
Doctor en Estudios Americanos, mención Estudios Internacionales.
El Proyecto Humboldt —el cable submarino destinado a conectar Chile con Oceanía y reforzar su proyección hacia el Asia-Pacífico— ha sido presentado habitualmente como una obra de infraestructura digital. Sin embargo, en el escenario internacional contemporáneo, su significado trasciende con mucho el ámbito tecnológico. Humboldt es, ante todo, una decisión estratégica. En él convergen intereses económicos, desafíos de seguridad, desarrollo científico, política exterior y el posicionamiento del país en la arquitectura global de la información.
Durante décadas, la inserción internacional de Chile estuvo determinada por su capacidad exportadora, la estabilidad macroeconómica y la apertura comercial. Hoy, sin abandonar esos pilares, emerge un nuevo vector de desarrollo: la conectividad digital como infraestructura habilitante del crecimiento, la innovación y la soberanía tecnológica. En el siglo XXI, los datos son un recurso estratégico, y las redes que los transportan constituyen la base material de la economía contemporánea. Así como los ferrocarriles estructuraron el comercio en el siglo XIX o los oleoductos definieron la geopolítica energética del siglo XX, los cables submarinos determinan hoy la circulación del conocimiento, el capital financiero y la inteligencia productiva.
La génesis del Proyecto Humboldt se remonta a la segunda mitad de la década de 2010, cuando autoridades chilenas comenzaron a explorar la posibilidad de establecer un enlace digital directo entre Sudamérica y Asia. La Subsecretaría de Telecomunicaciones planteó entonces la necesidad de convertir a Chile en una “puerta digital” del Pacífico, capaz de actuar como nodo de intercambio tecnológico y de servicios avanzados entre ambos continentes (Subsecretaría de Telecomunicaciones, 2017). La iniciativa se inscribía en una lógica de globalización abierta, donde mayor conectividad equivalía a mayor integración económica y acceso a nuevas oportunidades de desarrollo.
Ese impulso inicial no surgió de manera aislada. Formaba parte de un conjunto más amplio de políticas públicas orientadas a fortalecer la infraestructura digital nacional. Entre ellas destacó el proyecto Fibra Óptica Austral, concebido para extender redes de alta capacidad hacia las regiones más australes del país, reduciendo brechas territoriales históricas y fortaleciendo la resiliencia tecnológica del Estado (Subsecretaría de Telecomunicaciones, 2017). Posteriormente, la Fibra Óptica Nacional amplió esa estrategia hacia el resto del territorio, consolidando una verdadera “carretera digital” de alcance nacional (Subsecretaría de Telecomunicaciones, 2022).
La siguiente etapa fue el despliegue del 5G, que posicionó a Chile como uno de los primeros países de América Latina en implementar esta tecnología a escala nacional. Esta red no solo mejora la velocidad de transmisión de datos; habilita aplicaciones complejas en minería automatizada, telemedicina, agricultura de precisión, logística portuaria y educación a distancia (Subsecretaría de Telecomunicaciones, 2021). En otras palabras, la infraestructura digital dejó de ser un soporte técnico para convertirse en un motor directo de transformación productiva.
Sin embargo, el contexto internacional en el cual nació Humboldt ha cambiado profundamente. La globalización digital ya no opera en un entorno neutro, sino en medio de una creciente competencia tecnológica entre las principales potencias del sistema internacional. Los cables submarinos transportan hoy más del 90 % del tráfico mundial de datos, sosteniendo servicios financieros, comunicaciones gubernamentales, plataformas en la nube y sistemas de inteligencia artificial (Basoalto, 2024). Esta centralidad ha llevado a que tales infraestructuras sean consideradas activos críticos, cuya gobernanza involucra dimensiones de seguridad nacional, resiliencia económica y autonomía estratégica.
La literatura especializada advierte que el diseño de estas redes debe considerar redundancia de rutas, protección frente a interrupciones físicas y marcos regulatorios capaces de evitar dependencias tecnológicas excesivas (Lucengo, 2022). Desde el punto de vista técnico, los sistemas actuales transmiten información a velocidades que se miden en terabits por segundo, requiriendo actualizaciones permanentes para mantener su competitividad (Madero, 2023). La conectividad digital, por tanto, no es un proyecto puntual, sino un proceso continuo de adaptación tecnológica.
En este nuevo escenario, Humboldt adquiere una dimensión distinta a la originalmente prevista. Ya no se trata únicamente de conectar mercados, sino de insertarse en la geopolítica de los datos. El proyecto busca establecer un enlace directo entre Sudamérica y Oceanía que diversifique las rutas internacionales de información, reduzca la vulnerabilidad ante fallas o saturaciones del tráfico digital y refuerce la resiliencia de las comunicaciones chilenas (Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, 2023). Además, se proyecta como un catalizador para atraer inversiones en centros de datos, servicios digitales avanzados e industrias basadas en inteligencia artificial.
Organismos internacionales como la OCDE han destacado el crecimiento de la infraestructura de fibra óptica en Chile, situándolo entre los países con mayor expansión relativa en este ámbito (OCDE, 2021). Esta evolución ha permitido fortalecer sectores productivos, ampliar la inclusión digital y habilitar nuevas formas de organización del trabajo y la educación. No obstante, también ha planteado interrogantes sobre soberanía tecnológica, regulación y dependencia de proveedores externos.
Uno de los aspectos más relevantes del caso chileno es la continuidad de esta política a través de gobiernos de distinto signo político. Desde su formulación inicial,durante el Gobierno de Bachelet 2, el fortalecimiento de la conectividad ha sido impulsado por sucesivas administraciones de Sebastían Piñera y Gabriel Boric, como parte de una estrategia de desarrollo nacional. Esa persistencia revela que la infraestructura digital ha comenzado a consolidarse como una verdadera política de Estado, vinculada tanto al crecimiento económico como a la cohesión territorial y la proyección internacional del país.
Para la próxima administración del Presidente José Antonio Kast, el desafío no será decidir si avanzar o no en Humboldt, sino cómo hacerlo en un entorno donde la infraestructura digital es simultáneamente una oportunidad económica y un factor de seguridad estratégica. La cuestión central será encontrar un equilibrio entre apertura tecnológica, protección de sistemas críticos y diversificación de alianzas internacionales.
Pueden identificarse, en este sentido, tres escenarios plausibles. El primero es un escenario de continuidad pragmática, en el cual el proyecto avanza incorporando estándares reforzados de ciberseguridad, transparencia y gobernanza tecnológica, sin alterar su vocación integradora. El segundo es un escenario de reconfiguración estratégica, donde Chile ajusta sus asociaciones tecnológicas para reducir vulnerabilidades sistémicas, manteniendo al mismo tiempo su inserción económica global. El tercero —menos deseable— sería un escenario de dilación, donde la incertidumbre geopolítica o regulatoria retrase decisiones y haga perder una oportunidad histórica en un momento de acelerada transformación digital.
La experiencia comparada muestra que la competitividad en la economía digital depende de marcos regulatorios sólidos, cooperación público-privada y planificación de largo plazo capaces de adaptarse a la rápida evolución tecnológica (UIT, 2014). En este sentido, Humboldt no puede entenderse como un proyecto aislado, sino como parte de una estrategia nacional que articule infraestructura, innovación, educación y desarrollo científico.
Chile enfrenta, así, una encrucijada característica de las economías intermedias en tiempos de cambio sistémico: cómo aprovechar las oportunidades de la globalización digital sin comprometer su capacidad de decisión autónoma. La conectividad ofrece crecimiento, pero también genera interdependencias; habilita innovación, pero exige gobernanza; abre mercados, pero redefine el concepto mismo de soberanía.
Humboldt simboliza esa transición. No es solo un cable bajo el océano. Es una infraestructura que expresa la voluntad de participar activamente en la economía del conocimiento, de integrar territorios extremos al circuito global de la información y de proyectar al país como un nodo confiable en la red del Pacífico. Su materialización permitirá fortalecer sectores como la ciencia antártica, la minería inteligente, los servicios digitales y la investigación aplicada, consolidando un modelo de desarrollo donde la conectividad sea un bien público estratégico.
En definitiva, el Proyecto Humboldt representa una decisión sobre el lugar que Chile desea ocupar en el siglo XXI. Más que una obra de telecomunicaciones, es una herramienta para definir si el país será un articulador de las redes digitales del Pacífico o un mero receptor de ellas. Esa elección —tecnológica en apariencia, pero profundamente política— marcará su inserción internacional en las próximas décadas.
Referencias citadas
- Basoalto, F. (2024). Cable Humboldt: conectando océanos, construyendo oportunidades. Diario Financiero.
- Lucengo, C. (2022). ¿De qué se trata el Cable Humboldt y qué capital humano especializado requerirá? El Dínamo.
- Madero, A. (2023). Prolongando la vida económica de los cables submarinos. TrendTIC.
- Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile. (2023). Antecedentes oficiales del proyecto Humboldt.
- (2021). Informes sobre desarrollo de fibra óptica y conectividad digital.
- Subsecretaría de Telecomunicaciones de Chile. (2017). Estrategias de conectividad y proyectos de infraestructura digital.
- Subsecretaría de Telecomunicaciones de Chile. (2021). Implementación de tecnología 5G en Chile.
- Subsecretaría de Telecomunicaciones de Chile. (2022). Proyecto Fibra Óptica Nacional y políticas de reducción de brecha digital.
- Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). (2014). Informes sobre desarrollo global de telecomunicaciones.

