¿Guerra Política o Conflicto Ideológico en América del Sur?

Mg. Alejandro Salas Maturana

Coronel de Aviación en retiro,
Magister en Ciencias de la Administración
Militar, y Magister en Seguridad y Defensa.

Las afirmaciones respecto a que Latinoamérica y, en este caso América del Sur es una zona de paz, han intentado instalar una idea que contrasta con una realidad que no se condice con dicho discurso. Es cierto que después de la guerra del Cenepa entre Ecuador y Perú en 1995, no se han producido conflictos armados entre Estados es este subcontinente. Sin embargo, el desarrollo de conflictos armados internos que han enfrentado a los Estados de Colombia y Perú con organizaciones insurgentes de corte izquierdista revolucionario, agravado por la presencia del narcotráfico, los conflictos que enfrentan a organizaciones de crimen organizado con el Estado en Brasil, Ecuador, Argentina, Paraguay y Chile, y la insurgencia que enfrenta Chile en la macrozona sur del país muestra que Sudamérica está lejos de ser realmente una zona de paz.

Este contexto, que está lleno de complejidades que no son posibles analizar en el tiempo disponible para esta ponencia, surge la interrogante sobre el actual alcance de una guerra ideológica generalizada, que involucra en distinta medida e intensidad a todos los países sudamericanos exceptuando a Guyana, que enfrenta sus propios problemas con Venezuela por el Esequibo.

Efectivamente, ¿está Sudamérica sumida en un estado de conflicto ideológico que enfrenta a grupos políticos de izquierda revolucionaria con la derecha neoliberal, y desde el surgimiento de Javier Milei en Argentina, con movimientos libertarios?

La evidencia que sustenta la idea de una lucha ideológica en Sudamérica la proporciona la “Declaración del Foro de Sao Paulo” del 4 de julio de 1990, fecha de creación de esta organización que reúne a partidos y grupos políticos de izquierda de América, desde reformistas de centroizquierda, hasta colectividades políticas de izquierda revolucionaria. Fundado por el Partido de los Trabajadores de Brasil, pero dirigidos políticamente en sus inicios por el Presidente de Brasil Lula da Silva y Fidel Castro. La propia declaración señala que esta organización se constituyó para debatir respecto del escenario internacional post caída del Muro de Berlín, a fin de combatir las consecuencias del neoliberalismo en los países de América.

La misma declaración agrega que se analizó la situación del sistema capitalista mundial y la ofensiva imperialista, cubierta de un discurso neoliberal, lanzada contra los países y pueblos de la subregión, revisando a su vez las estrategias revolucionarias de la izquierda de esta parte del planeta, y los retos que el cuadro internacional le plantea. Señala también que continuarán sumando inteligencias y voluntades al análisis permanente que se ha iniciado, buscando avanzar en propuestas de unidad de acción consensuales en la lucha antiimperialista y popular, promoviendo los intercambios especializados en torno a los problemas económicos, políticos, sociales y culturales que enfrenta la izquierda continental. Del propio lenguaje que se utiliza en la Declaración, se desprenden los elementos que irán dando forma a una lucha ideológica que no renuncia al uso de violencia, y que agregará formas de lucha no violenta que constituirían estrategias de “Guerra Política”.

Si observamos con atención la evolución de la influencia política del Foro, vemos que ha logrado un posicionamiento relevante en Sudamérica. Doce de los 27 encuentros realizados fueron en países de esta subregión. Se suman las sesenta y siete organizaciones de izquierda con membresía que son de países sudamericanos, incluyendo ocho partidos comunistas. Cinco de los diez países que conforman esta área geográfica son actualmente gobernados por coaliciones pertenecientes al Foro.

Y, si profundizamos en la declaración que suscribieron sus miembros, destacan las acciones de resistencia contra las políticas ortodoxas del modelo neoliberal aplicado en el subcontinente, estableciendo interlocuciones importantes con movimientos sociales, sindicales y populares en el seno de las campañas contra el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y la construcción del Foro Social Mundial. Los nuevos gobiernos de izquierda, progresistas y democrático-populares han avanzado en la reducción de lo que denominan desigualdades históricas a través de políticas públicas de carácter inclusivo, y de la aplicación de directrices autónomas de política externa y de integración regional que se manifestaron en la reorientación política del Mercado Común del Sur (Mercosur), en la creación de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), de la desaparecida Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Sin embargo, nos parece relevante la instalación de un discurso en que se resaltan valores y principios que buscan mantener la unión de las organizaciones que integran el Foro como instrumentos políticos que buscan cambios radicales en los sistemas políticos, sociales, económicos y culturales de los países sudamericanos, que conduzcan a una integración soberana traducida en la creación de una Patria Grande unida en una comunidad regional con objetivos y principios generales y comunes. Si bien dichos principios y valores permearon en las sociedades del área, los resultados de las gestiones gubernamentales a cargo de administraciones afines al Foro los han derrumbado, generando en las sociedades afectadas, un rechazo que ha conducido a la pérdida progresiva del poder, exceptuando a Venezuela que ha adoptado una forma de gobierno dictatorial que mantiene el control absoluto del país.

Los estallidos sociales ocurridos en Chile en 2019, en Colombia en 2021, en Ecuador en 2022 y el intento de autogolpe de estado en Perú también en 2022 y, las situaciones ocurridas posteriormente en dichos países, muestran hechos que son coherentes con la búsqueda de la revolución a través de una estrategia en que se usa la violencia, se utiliza la democracia, y aplican otras formas sutiles o no tan sutiles de penetración y control de las sociedades, donde el ser humano es el centro de atención, porque la mente humana es el objetivo por alcanzar.

Sun Tzu dijo: “El supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin combatir”. Esta frase del general chino refleja una forma distinta de ver la guerra, provocando cierta incomodidad en ámbitos occidentales, cuando los chinos llaman guerra a las acciones no violentas realizadas en contra de un adversario como la coerción económica, las operaciones de información, la ejecución de operaciones cibernéticas y, en el dominio cognitivo. En esto hay una clara diferencia entre la visión occidental y la oriental, porque esta última posee una mirada más amplia, siendo vista como una lucha entre entidades competidoras donde no sólo se utiliza la fuerza letal para imponer la voluntad sobre un adversario.

Para Seth Jones, Emily Harding, Catrina Doxsee, Jake Harrington y Riley McCabe, quienes publicaron en 2023 “Competir sin combatir. La estrategia china de Guerra Política”, China estaría conduciendo una campaña sin precedente bajo el umbral del conflicto armado, con el propósito de expandir la influencia del Partido Comunista Chino, y debilitar a los Estados Unidos y a sus aliados. Esta campaña involucraría actividades de espionaje, ciber operaciones ofensivas, desinformación utilizando plataformas de redes sociales, coerción económica y operaciones de influencia sobre empresas de interés, universidades y otras organizaciones que puedan ser utilizadas para lograr sus propósitos.

Llama la atención, entonces, la denominación que se le da a dicha campaña: “Guerra Política”. Una más entre muchos apellidos que se le otorgan a la guerra. Guerra Nuclear, Guerra Química, Guerra Biológica, Guerra de Guerrillas, Guerra Civil, Guerra Híbrida, Guerra Santa, Guerra Económica, Guerra contra la Droga, Guerra Irrestricta o más allá de los límites y un largo etcétera, referido a los ámbitos donde se produce un enfrentamiento armado y/o no armado entre dos o más actores que buscan imponer su voluntad uno sobre el otro. Sin embargo, su significado y alcance es más amplio, más integral, porque involucra la aplicación intencionada de todos los elementos de poder de que dispone un Estado para alcanzar sus objetivos. De esta forma entonces, conceptualmente la Guerra Política se refiere a actividades distintas a la guerra convencional y nuclear, que busca expandir la influencia y legitimidad de un país debilitando a su vez a sus adversarios.

En dicha línea de reflexión, George Keenan, historiador y diplomático estadounidense señaló en su publicación de 1948, “La inauguración de la Guerra Política organizada”, que la guerra política es el empleo de todos los medios a disposición de una nación, en situaciones distintas a la guerra para lograr sus objetivos nacionales. Agrega, que la Guerra Política es la aplicación lógica del pensamiento de Clausewitz en tiempo de paz, donde se pueden realizar acciones abiertas como alianzas políticas, medidas económicas y de propaganda “blanca”, u operaciones encubiertas como el apoyo clandestino a elementos extranjeros “amigos”, la guerra psicológica “negra” e incluso el estímulo para la resistencia clandestina en Estados hostiles. Lo que menciona Keenan establece entonces que la Guerra Política no es algo nuevo.

En su publicación “La lucha en el crepúsculo”, (The Twilight Struggle) Hal Brands entrega algunos ejemplos históricos de Guerra Política como los empeños de Esparta y Atenas para ampliar y utilizar las diferencias internas de ambos contendientes en la Guerra del Peloponeso; el uso de la Guerra Política por parte de los Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría, consecuencia de la necesidad de vencer en una lucha bajo el umbral de la guerra nuclear, a través del debilitamiento de la confianza de la población hacia la institucionalidad gubernamental, provocando divisiones entre individuos y grupos de la sociedad y, explotando las divisiones políticas entre aliados.

Sin embargo, es más revelador el contenido del libro “Sobre la Guerra Política” escrito por Paul A. Smith Jr., quién a partir de la conceptualización de la naturaleza de la Guerra Política, hace un recorrido histórico desde la antigüedad hasta nuestros días, demostrando que el uso de medios políticos permite obligar a un oponente someterse a la propia voluntad, en un juego político donde las relaciones intencionadas entre pueblos y gobiernos afectan la supervivencia nacional combinando violencia, presión económica, subversión, diplomacia, propaganda y guerra psicológica.

En términos generales, la guerra política incluye herramientas que los gobiernos pueden utilizar para cambiar el equilibrio de poder a su favor sin enfrentarse directamente mediante el uso de medios militares. Entre ellas encontramos la desinformación, las operaciones cibernéticas, las operaciones de inteligencia y la coerción económica. De esta manera, la guerra política está diseñada para fortalecer un Estado, debilitando a sus adversarios sembrando o explotando divisiones internas, creando cismas dentro y entre sus socios, y agotando sus recursos y energía. Con relación a dichas herramientas y actividades, encontramos que en el mundo académico y estatal se utilizan distintos términos para referirse a lo mismo. Así encontramos denominaciones tales como guerra irregular, guerra híbrida, actividades en zona gris, conflicto asimétrico y enfoque indirecto. Esto a nuestro juicio genera cierta confusión, y la tendencia a mantener una mirada que no permite apreciar con claridad los acontecimientos, y actuar apropiadamente para enfrentar la complejidad que implica la forma en que desarrollan los conflictos en la actualidad, que tienden a provocar situaciones que en términos reales nos mantienen en un conflicto permanente.

El Vicealmirante de la Armada de los Estados Unidos James Baldwin, ex Presidente de la Universidad de la Defensa Nacional, se refirió a la Guerra Política señalando que, a través de ella, una nación puede expresar su visión de mundo, así como su sentido del papel particular que pretende desempeñar en el ámbito internacional. Las grandes campañas de guerra política a menudo tienen como objetivo a la población del adversario en su conjunto. En un esfuerzo para aislar a un adversario, pueden dirigirse a sus aliados y también a naciones neutrales o no alineadas. Así entonces, es que trabajando a través de Estados clientes, una nación puede influir en una amplia gama de eventos sin involucrarse directamente en un conflicto armado convencional.

En el mundo de hoy, donde a pesar de que los Estados siguen siendo los actores principales en situaciones vinculadas al conflicto, la presencia de otros actores no estatales con el poder de influir o dañar países incluso a los propios, complejizan a un más los escenarios de conflicto en desarrollo. Organizaciones asociadas a fenómenos de seguridad como el terrorismo, el crimen organizado transnacional y el anarquismo insurreccional muchas veces asociados a narco estados, a organizaciones políticas supranacionales, o a Estados gobernados por ideologías extremas, también poseen el potencial para aplicar estrategias de guerra política para desestabilizar naciones y generar condiciones para imponer regímenes políticos de corte totalitario.

De este modo entonces, y desde la perspectiva del conflicto, estamos frente a un hecho social de ocurrencia permanente en la vida de las sociedades humanas como las sudamericanas. De este modo, las disputas y luchas por diversos intereses y por poder son una constante histórica, porque han estado presentes en todas las épocas. Incluso, el cambio social que determina toda la dinámica de la vida de los seres humanos es una consecuencia imputable principalmente al conflicto.

El Foro de Sao Paulo es un conglomerado de organizaciones políticas que involucra a Estados gobernados por dichas coaliciones, donde no es visible con claridad quién conduce. La responsabilidad se difumina a través de acuerdos que generan los miembros, cuyas acciones desestabilizadoras y revolucionarias son descentralizadas, aunque habría señales que la estrategia y la planificación de las acciones derivadas, es centralizada en Cuba y Venezuela.

Lo planteado, se sustenta lo ocurrido en la reunión realizada en Caracas desde el 25 al 28 de julio de 2019 que es reveladora, tanto como su lema “Por la Paz, la Soberanía y la Prosperidad de los Pueblos: ¡Unidad, Lucha, Batalla y Victoria!” como los temas tratados en la misma.

Así, la cita en Venezuela concentró sus esfuerzos y propuestas para lograr la retoma del poder en Latinoamérica y el Caribe, así como entablar una lucha frontal contra la política colonialista e imperialista de los Estados Unidos, tal como lo manifiesta el documento base elaborado por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). En él, se planteó la necesidad de asumir “los grandes desafíos que reclaman una discusión profunda, nuevas acciones que den cuenta de los cambios en la correlación de fuerzas, tanto en los países en los que se lucha con ahínco para alcanzar el poder en el ámbito nacional, como en los que se han registrado severas derrotas, y aún más, en donde las fuerzas revolucionarias detentan el poder y resisten con brío la embestida imperialista”. Agrega que, “las modalidades de las luchas en desarrollo son distintas en cada caso, y han de estudiarse según sus particularidades, sin perder de vista, ni por un instante, el carácter continental de la confrontación histórica en curso, pues estamos frente a un modelo de guerra multifactorial, que requiere de respuestas innovadoras”. Es notable entonces que, a partir de octubre de ese año, se produjeron los hechos ocurridos en Chile, Colombia, Ecuador y Perú.

No parece que dichos movimientos hayan sido una casualidad, porque toda la evidencia nos conduce a afirmar que en América del Sur estamos inmersos en un Conflicto Ideológico, donde un conglomerado encabezado por Venezuela y Cuba, a quienes se suman narcoestados como Bolivia, organizaciones del crimen organizado asociado principalmente al narcotráfico, organizaciones políticas de izquierda e izquierda extrema como los partidos comunistas sudamericanos, grupos anarquistas y otros de corte revolucionario, incluso delincuentes comunes, se enfrentan a Estados cuyas democracias son identificadas como neoliberales o, en aquellos que aun siendo gobernados por la izquierda, se considera que pueden ser regidos por regímenes contrarios a lo que postula el Foro de Sao Paulo.

Las acciones desestabilizadoras, realizadas de acuerdo con la realidad de los países afectados se identifican con estrategias de Guerra Política, porque combinan intencionadamente actos violentos (ataques al transporte público, a supermercados, iglesias, universidades, establecimientos comerciales, organismos públicos y privados, policía, FFAA) con otros no violentos cómo la propaganda, control de los medios de comunicación, la guerra sicológica, la desinformación, todos vinculados a la lucha en el dominio cognitivo, a fin de desestabilizar a la sociedad y al Estado, debilitar la confianza de la población hacia la institucionalidad gubernamental, desprestigiar a la fuerza pública, provocar divisiones entre individuos y grupos de la sociedad y, explotar las divisiones políticas entre aliados. En este conflicto entonces, el ser humano es el centro de la estrategia y la mente humana el objetivo por alcanzar.

Podemos afirmar entonces que, efectivamente en Sudamérica se vive un conflicto ideológico, donde la lucha por el poder está provocando consecuencias devastadoras para los países involucrados. Es relevante el hecho de que la acción de las fuerzas militares no tiene el protagonismo, porque cumple un papel esencialmente de apoyo a las policías en el enfrentamiento contra grupos revolucionarios y delictuales que en general utilizan la violencia bajo el umbral del empleo letal de ella.

En este conflicto de alcance regional, donde se enfrenta la democracia con el totalitarismo, 30 años después del colapso de la URSS, la aplicación de estrategias de guerra política está plenamente vigente en esta lucha ideológica. Los países afectados parece que recién comienzan a reaccionar en esta guerra no militar, de acuerdo al concepto chino planteado por los coroneles Qiao Liang y Wang Xiangsui en su libro “La Guerra Irrestricta” (o más allá de los límites). Esto, a nuestro juicio requiere un una reflexión profunda respecto a las formas de hacer la guerra, requiriendo de miradas distintas en un nuevo espacio mental, donde las variables involucradas se relacionan con comportamientos complejos cuyos efectos pueden no ser evidentes a simple vista, en un ambiente de gran incertidumbre.

El desafío que enfrentan los Estados es enorme, porque los seres humanos se ven enfrentados a situaciones y/o hechos en los que concurren distintas dimensiones y componentes azarosos e interactivos, que obligan a desarrollar un pensamiento introspectivo y carente de limitaciones. Ello implica que los responsables de conducir a los países deben salir de la caja donde prima el pensamiento convencional, abordando la realidad con nuevas perspectivas que desafían las visiones que tradicionalmente occidente ha mantenido.

 

 

*Esta ponencia fue presentada en la IV Conferencia Internacional de América del Sur, organizada por la Universidad del Servicio Público-Ludovika de Hungría en marzo del año en curso.