Geopolítica argentina: con la vista puesta en el atlántico sur

Mg. Christian Bolívar R.
General de División en retiro,
Master of Arts in Defence Studies (UK)
Magister en Ciencias Militares (Chile)
Profesor de Estrategia.

Mucho se ha escrito y estudiado respecto de la geopolítica desde que vieran la luz las primeras publicaciones y definiciones sobre esta disciplina formuladas por Ritter, Ratzel, Kjellen, Maull o Haushofer y dependiendo el contexto político como también, dependiendo de quienes lideren las naciones, las ideas en torno a la geopolítica adquieren mayor o menor relevancia. Es lo que ha sucedido en Argentina —al menos mediáticamente— en los últimos meses.
En efecto, tomando como hito la visita oficial que realizara a Argentina hace un par semanas la general Laura Richardson, Comandante del Comando Sur (SOUTHCOM), pero muy particularmente su presencia junto al presidente argentino en Ushuaia, produjo que el foco de la opinión pública se trasladara a la zona de mayor interés estratégico concreto para la Argentina, como la describiera recientemente Rosendo Fraga, la problemática del Atlántico Sur, que integra el Mar Argentino, la “Cuestión Malvinas” y el futuro de la Antártida.
Sin embargo, este interés estratégico de Argentina en el Atlántico Sur no es algo nuevo. Los geopolíticos argentinos —como lo plantea Ezequiel Magnani— demostraron, durante todo el siglo XX, un notable interés por la región del Atlántico Sur Occidental, tanto en lo vinculado a la seguridad como en lo ligado a la economía. Ya iniciado el siglo XXI, los escritos argentinos sobre geopolítica del Atlántico Sur Occidental, entre los que se destacan autores como Koutoudjian y Altieri, se alejaron de las visiones ligadas al nacionalismo territorial y se acercaron a identificar aquellos elementos materiales que caracterizan dicha región y que pueden ser de interés para la Argentina, afirmando, por un lado, que esta zona en la actualidad es altamente estratégica y, por otro lado, que a medida que transcurra el tiempo, esta región va a ser cada vez más importante no solo para los Estados que la circundan, sino para el conjunto de los Estados del sistema internacional.
Por su parte, la Escuela Superior de Guerra Conjunta, en su trabajo “Geopolítica y geoestrategia argentina para el siglo XXI”, plantea en sus conclusiones, la necesidad de consolidar la integración territorial de los espacios terrestres. Lo anterior, a través de la adecuada vinculación multimodal y armonización demográfica de las diferentes regiones a partir de su desarrollo, del control del espacio marítimo que le compete por derecho internacional, ejerciendo el uso, exploración y explotación de los recursos vivos y no vivos en el mar, y del control del espacio aéreo y espacial nacional. Al mismo tiempo, señala la necesidad de encaminar / resolver el conflicto con el Reino Unido sobre las Islas Malvinas, Islas del Atlántico Sur y mares adyacentes, todo ello cruzado transversalmente por la construcción de una conciencia nacional sobre “la Argentina como país bicontinental” y las acciones necesarias que permitan materializar nuestra soberanía sobre la Antártida.
El propio Libro Blanco de la Defensa 2023, que corresponde a su cuarta edición, presenta un capítulo completo, el 3ro., que se denomina: Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y el sector antártico argentino.
En esta nueva versión del Libro Blanco de la Defensa se destaca el fortalecimiento de las operaciones de vigilancia y control en zonas estratégicas como el Atlántico Sur y las Islas, mediante la creación del Comando Conjunto Marítimo (COCM), organismo responsable de coordinar las actividades de vigilancia y control de los espacios marítimos, garantizar la protección de los recursos naturales en el mar, supervisar actividades científicas, monitorear buques no autorizados y controlar el tránsito marítimo hacia y desde las Islas Malvinas, Georgias del sur y Sandwich del Sur y de la instalación de radares en las ciudades de Río Grande, en la provincia de Tierra del Fuego, y Trelew, en la provincia de Chubut.
Por último, la Directiva Política de Defensa Nacional publicada en 2021, enfatiza la situación de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes que, siendo parte integrante del territorio argentino, indicando que “se encuentran ilegítimamente ocupados por una de las principales potencias militares mundiales, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte.”
Al respecto, este documento señala que “a las limitaciones que este enclave colonial, con su significativo despliegue militar, impone a la República Argentina para el ejercicio efectivo de la soberanía sobre estos territorios, debe sumársele la posición geopolíticamente estratégica que el atlántico sur detenta debido a sus riquezas en recursos naturales renovables y no renovables y a su función como centro de operaciones para obturar la circulación hacia el continente antártico y limitar el flujo de navíos entre el océano pacífico y el océano Atlántico.”
Como se puede apreciar, los temas geopolíticos y geoestratégicos han estado presentes en la política argentina desde hace bastante tiempo. Lo que probablemente sea novedoso y que ha llamado la atención, es el impulso que el presidente Milei ha dado a este ámbito de acción.
En este sentido, la visita oficial efectuada por la general Richardson, no solamente debe ser vista como una visita de carácter protocolar, ya que en concreto, se aprovechó esta instancia para exponer la creciente preocupación de Washington en el avance de China en la región y, más precisamente, por dos enclaves. Uno es la base científico-militar que opera China en Neuquén, conocida como la Estación del Espacio Lejano; el otro corresponde a un proyecto de inversión en Ushuaia para el desarrollo de un puerto multipropósito, una central eléctrica y una planta petroquímica. Proyectos de infraestructura que cobrarían carácter estratégico mirando el futuro de esa zona y especialmente lo que dice relación con el territorio antártico.
Richardson además participó en una ceremonia en Buenos Aires para concretar la transferencia de un avión de transporte Hércules C-130H a la Fuerza Aérea Argentina. Esta aeronave, avaluada en aproximadamente 30 millones de dólares, es considerada como la punta de lanza de la aviación de transporte táctico por su versatilidad y flexibilidad. De acuerdo con fuentes oficiales, esta donación se enmarca en los acuerdos de cooperación en materia de seguridad entre Estados Unidos y Argentina y cuyos fondos superan los 625 millones de dólares para este año, centrándose en áreas clave de interés mutuo, como el desarrollo profesional y de capacidades, la ciberdefensa y la preparación para desastres.
Por otra parte, es posible mencionar tres elementos que se enmarcan en este nuevo enfoque en lo referido a la defensa por parte del gobierno argentino. En primer lugar, la adquisición de 24 cazas F-16 daneses que se materializará en los próximos días. Esta compra considera 16 aviones monoplazas y 8 biplazas, además del equipamiento de apoyo que será aportado por Estados Unidos, muy en línea con la condición argentina de “Aliado Extra-OTAN”; la adquisición de 27 blindados a rueda 8×8 M-1126 Stryker, como parte del Programa VCBR que contempla la compra de hasta 209 vehículos blindados en diversas configuraciones y funciones; y en el futuro, la posible adquisición de helicópteros UH-60 Black Hawk para la Aviación del Ejército, abocada a remplazar sus viejos Bell UH-1 Huey.
Por último, valga mencionar los esfuerzos que se pretende realizar por parte del gobierno argentino para mejorar la condición desmedrada de las fuerzas armadas argentinas tras prácticamente 40 años de “desinversión” y que han quedado plasmados en el plan de Capacidades Militares 2023 (PLANCAMIL).
Dicho plan considera, en primer lugar, que la Fuerza Aérea Argentina debe recuperar de forma urgente la capacidad de interceptación supersónica y la capacidad de alerta temprana y control aerotransportado.
En cuanto al Ejército Argentino, contempla la renovación de sus capacidades de combate que permitan el empleo de la Fuerza de Despliegue Rápido, esto es, la concreción del Proyecto de adquisición de Vehículos Blindados a Rueda (VCBR).
Por último, en lo referido a la proyección de capacidades en el litoral marino, la Armada Argentina debe recuperar la capacidad que otorga el arma submarina, como la incorporación de nuevos medios de proyección para desplegar poder desde y hacia el mar.
Con los objetivos geopolíticos argentinos a la vista, habrá que ver cómo se comportan no solo las alianzas que se han revitalizado en los últimos meses, sino también la evolución desde el punto de vista de la economía interna para verificar si es posible contar con los recursos que permitan llevar a cabo los proyectos e iniciativas visualizados en los documentos vigentes. Por de pronto, se debe tener en cuenta que al menos la voluntad política es manifiesta.
* El General Bolívar posee un Master of Arts en Defence Studies, Magister en Ciencias Militares y Master in Business Administration. Durante sus casi 40 años de servicio en el Ejército de Chile se desempeñó entre otros puestos como Director de la Academia de Guerra, Comandante en Jefe de la VI División de Ejército y Comandante de Operaciones Terrestres.

