¿Aire fresco para Haití?

Mg. Christian Bolivar R
General de División en retiro,
Master of Arts in Defence Studies (UK)
Magister en Ciencias Militares (Chile)
Profesor de Estrategia.

“Recuperar el control de la capital requerirá una operación urbana conjunta de cierta magnitud, la que debe ser conducida por fuerzas altamente calificadas, equipadas y entrenadas.”
Las cifras que entrega la ONU reflejan la grave situación que enfrenta Haití. Según este organismo internacional, durante el primer trimestre de este año, al menos 2.505 personas murieron o resultaron heridas, y más de 90.200 personas han sido desplazadas, viviendo actualmente en condiciones inhumanas en 85 emplazamientos del área metropolitana de Puerto Príncipe, controlada al menos en un 80 % por bandas armadas.
Es por ello que el reciente anuncio del presidente de Kenia, William Ruto, respecto del inminente despliegue de fuerzas policiales en Haití –postergado por razones judiciales y logísticas– representa una oportunidad para mejorar las precarias condiciones de seguridad que enfrenta ese país desde que el año 2018, comenzara la escalada de violencia por parte de casi 300 bandas criminales que operan en Haití actualmente.
Ante un nuevo escenario, después de que se constituyera en abril pasado el Consejo Presidencial de Transición y la reciente elección de Garry Conille como Primer Ministro, cargo que ya había ocupado entre el 2011 y 2012 durante la presidencia de Michel Martelly, se están generando las condiciones para cumplir con los desafíos de restablecer la seguridad del país y organizar elecciones para elegir a un presidente el 7 de febrero de 2026. Se activa entonces el apoyo por parte de Kenia. Apoyo que se encuentra explicitado en la Resolución 2699 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, adoptada el 2 de octubre de 2023.
La Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS, por sus siglas en inglés), conformada por fuerzas policiales kenianas y a la cual se podría sumar contingente policial de Bahamas, Barbados, Bangladés, Benín, Burundi, Chad, Granada, Jamaica, Paraguay, Mauricio y Nigeria, tenía previsto su despliegue inicialmente para el 23 de mayo, con una primera partida de 200 policías, para completar al menos mil policías.
Por otra parte, un reciente anuncio ha confirmado un ajuste al plan de despliegue y que considera que el país africano capacitará en su territorio a unos 2,000 policías haitianos, que retornarían a la nación caribeña a mediados de junio, fecha que coincidirá con el despliegue de la misión de apoyo multinacional.
Al parecer, esta vez sí se logrará dar inicio a la misión para apoyar una vez más a Haití. Sin embargo, tal como ha sucedido en otras crisis, es posible visualizar al menos dos obstáculos que se deben tener a la vista.
En primer lugar, el financiamiento de las operaciones. La necesidad de recursos se convierte invariablemente en un factor crítico. De acuerdo con lo señalado por representantes de la administración del presidente Biden, Estados Unidos ha comprometido 300 millones de dólares para el futuro despliegue de la misión multinacional de seguridad, pero se calcula que dicha misión tendrá un costo anual de entre 500 y 600 millones de dólares. Es por ello que se hace necesario que, junto a Estados Unidos, otros países aporten con recursos para sostener al menos el primer año de despliegue y ver qué pasará luego, si se requiere prorrogar.
Tal como lo señala el encargado para Latinoamérica del Departamento de Estado norteamericano, Brian Nichols, «La situación en Haití es tan importante y crítica como cualquiera de las otras crisis que hay hoy en el mundo y la comunidad internacional debe verlo de esta manera».
La falta de recursos podría generar problemas de carácter logístico, como ya se ha visto en el predespliegue de esta misión, que ha obligado a retrasar su inicio y que derivará en que se deban enfrentar próximamente a una fuerza de pandillas criminales mejor equipada, financiada, entrenada y unificada que cualquier otra misión desplegada anteriormente en el país caribeño. Pero más complejo aún, es el efecto que pueda tener la falta de apoyo en las condiciones en que se desarrollen las futuras operaciones, al verse obligados a supeditar los objetivos tácticos y operacionales a la disponibilidad de recursos.
El segundo obstáculo dice relación con el ambiente operacional. Las áreas de operaciones urbanas —con un terreno físico complejo, una población numerosa y densa y una infraestructura irregular— se encuentran entre los entornos operativos más difíciles. En el caso particular de Haití, ninguna fuerza de seguridad multinacional puede tener éxito si no recupera y asegura el control de Puerto Príncipe, un área urbana con un terreno físico complejo con una población cercana a los tres millones de habitantes, por lo que para desarticular las bandas que controlan buena parte de la capital, será necesaria una operación urbana conjunta, la que debe ser conducida por fuerzas altamente calificadas, equipadas y entrenadas, lo que significa un esfuerzo significativo en cuanto a tiempo y personal y recursos.

Las anteriores misiones de estabilización en Haití solo se enfrentaron a modestas amenazas de bandas, pero en la actualidad, estas bandas se encuentran bien organizadas, armadas y operativamente competentes. Valga recordar la magnitud de algunas de las diversas operaciones multinacionales que han intervenido previamente en Haití. La Misión de las Naciones Unidas en Haití (UNIMH), fuerza multinacional dirigida por Estados Unidos en 1994 y que restauró al presidente Aristide en el poder, desplegó 21.000 soldados. De igual forma, la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH), desplegada el 2004 –operación en la que Chile tuvo una destacada participación– contó con una fuerza máxima de 12.000 efectivos.
En este contexto, las bandas haitianas podrían contar con ventajas tácticas sobre las fuerzas lideradas por Kenia. Las dificultades que para las tareas de inteligencia representan edificios y estructuras, podrían permitir a las bandas ocultarse de las fuerzas de seguridad, evadirlas o atacarlas, haciendo que las tareas de desarticulación se transformen en una verdadera pesadilla.
Considerando las corrientes de opinión pesimistas que critican este nuevo intento por apoyar la dramática situación de Haití y lo complejo que se presenta el contexto político, económico, social y militar para cualquier operación de estabilización, es natural que las expectativas sobre esta misión sean bajas. Sin embargo, es de esperar que las condiciones que se están presentando en Haití, con la constitución del gobierno provisional, la elección de un primer ministro y el esperado despliegue de una fuerza multinacional, permitan un cambio en las actuales condiciones de inseguridad que afectan a este país y que los dos obstáculos planteados sean parte del trabajo que la comunidad internacional se encargue de solucionar, ya sea mediante la asignación de recursos, fuerza, entrenamiento, equipamiento u otras medidas, para que este nuevo esfuerzo no se limite a una simple declaración de buenas intenciones.
* El General Bolívar es académico, consultor y autor en temas de seguridad y defensa, pensamiento estratégico y liderazgo. Durante sus casi 40 años de servicio en el Ejército de Chile se desempeñó entre otros puestos como Director de la Academia de Guerra, Comandante en Jefe de la VI División de Ejército y Comandante de Operaciones Terrestres.

